Atrás han quedado los días en que el Botox era visto como un procedimiento utilizado sólo por los ricos y famosos.
Mediante el uso de una pequeña cantidad de la toxina botulínica diluida introducida en el músculo, el músculo se relaja. La toxina botulínica previene la formación de arrugas, ya que al no contraer los músculos responsables de las mismas, las arrugas no seguirán aumentando durante el tiempo que dure el efecto del tratamiento.

El Botox también se usa para tratar la sudoración excesiva y los dolores de cabeza .

El nacimiento de Botox se produjo en los años 70 y 80. El oftalmólogo Dr. Alan B. Scott lo inyectaba en voluntarios. Como resultado de los experimentos realizados, a principios de los años 80 la toxina botulínica pasó a a ser un tratamiento seguro y útil para el estrabismo.

No fue hasta más tarde cuando el procedimiento adquirió el nombre de “Botox” gracias a la farmacéutica Allergan.

La investigación continuó en los años 90, incluyendo el descubrimiento accidental por la oftalmóloga canadiense Dra. Jean Carruthers. Descubrió que los pacientes que sufrían blefaroespasmo [ espasmo del párpado ] tratados con toxina botulínica comenzaban a perder sus líneas de expresión .

Los dermatólogos tomaron nota de este avance y para 1997 el uso de Botox había alcanzado cifras récord – que conduce a su agotamiento temporal en Estados Unidos.

La Administración de Alimentos y Medicamentos ( FDA) – la agencia del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos – comenzó a aprobar los amplios usos de Botox en el nuevo milenio .