Dra Nerea Landa, dermatóloga. Los filtros solares o fotoprotectores son una de las formas de protección solar más utilizadas, gracias a ellos evitamos el paso de la radiación ultravioleta.

Los fotoprotectores actuales están compuestos por una mezcla de componentes: físicos y químicos. Los compuestos físicos (el dióxido de titanio es el principal) actúan como una pantalla, reflejando y dispersando la radiación y los compuestos químicos (existe una amplia variedad de compuestos) absorben la radiación.

La mayoría de los fotoprotectores del mercado contienen una mezcla de productos físicos y químicos. Esto es debido a que ninguno de los filtros protege de manera individual contra todo el espectro de radiación UVB y UVA. Además cada compuesto químico debe estar presente con una concentración determinada, por seguridad. Existen algunas pocas cremas hechas exclusivamente con filtros físicos, especialmente formuladas para alérgicos a algunos componentes químicos, pero resultan ser cremas blancas gruesas, y difíciles de extender. Por ejemplo, para los bebes menores de 2 años, se recomienda fotoprotectores sólo físicos y sin perfume. Aunque lo mejor es no exponerlos al sol directamente, ponerles ropa y utilizar sombrilla en el cochecito.

Entonces, ¿qué cantidad de protector tenemos que aplicarnos? Las pruebas en laboratorio para testar los fotoprotectores están realizadas con 2 mg de producto por cm2 de piel. Sin embargo la gente sólo se aplica unos 0,5 mg/cm2, un cuarto menos de lo necesario, con lo que realmente no se consigue la protección que indica la etiqueta. Se calcula que para un cuerpo medio se debería aplicar unos 35 mg, que equivalen, más o menos a unas 6 cucharadas de café, 2 cucharadas soperas, o un vasito de licor. Como quizá pueda ser difícil calcular esta cantidad una vez que se está fuera de casa, es aconsejable que nos quede una capa blanca bien visible en la piel: debemos aumentar la cantidad de producto si queremos estar bien protegidos.

En cuanto el índice de protección (FTS) que debemos usar, se recomienda utilizar fotoprotectores con un FPS 30 o mayor y que cubran contra los dos tipos de rayos dañinos UVA y UVB. Debe aplicarse 30 minutos antes de la exposición, volviéndolos a aplicar cada 2 horas y después de bañarse y de sudar en exceso, pues parte del producto se va con el agua o el sudor. Existen fotoprotectores resistentes al agua que son capaces de aguantar 2 baños de 20 minutos sin desaparecer, aunque éstas son pruebas hechas en laboratorio, con una cantidad mayor y sin moverse demasiado. Durante las horas más peligrosas para la piel (las horas centrales del día entre las 11 del mediodía y las 4 de la tarde) se desaconseja la exposición al sol, incluso con fotoprotectores. Además, quiero recalcar especialmente que aunque no se hagan visibles las quemaduras solares, no significa que no haya daño solar.

En lo que se refiere a los envases y formas de aplicación, se ha avanzado mucho en los últimos años introduciendo los difusores y sprays, facilitando la aplicación. Además, al aplicarse más rápido, la gente se lo aplica más. También podemos existen fotoprotectores “oil free”, recomendables sobre todo, para personas con piel grasa o acné.

En cuanto a la caducidad, debe observarse si viene reflejada en el envase. De no ser así, la vida útil del fotoprotector suele ser de unos dos años.